Una mañana venturosa

Hoy brillaba el sol por doquier.
El sol de maravillosas criaturas.
Entre otras cosas, hoy me han abrazado tres veces.
Dos de los abrazos eran de una sola persona, el tercero de otra.
¿Qué he hecho yo para merecer esto?
Pues algo debí hacer que se ha desvelado como algo, veraz, sin doblez, ni interés.
Una sencilla conquista de corazones sanos y sin miedo a ser rechazados nunca más.
¿Y yo?
Pues también yo me he abandonado a esa hermandad sin ligadura de sangre (porque, entre otras, es una pamplina como un templo eso de que la sangre tira. Tiran las vivencias en común)  y he sentido  un pecho cálido, dos, enlazando otro pecho además de una gratitud sin medida.
Esos abrazos que la familia (al menos la mía) nunca da.
¡Ah, qué maravillada y feliz regreso a casa!
¡Sí, crecida de amor y felicidad!
Hoy no se sonó mi risa, pero una sonrisa grande, hermosa, me llevó hasta la bobaliconería.
¡Ay qué gustito para mi alma!
Tenía que compartir esa alegría. Si no me iba a estallar el pecho; lo que nos faltaba....

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