Un libro. Un film. Una historia...
Cogí el libro y lo solté de nuevo. <No, ahora no>. La Radio seguía sonando. La apagué.
Después de haber oído el relato en "Videodrome", no podía oír otra cosa. Mi mente, y algo más profundo de mi, continuaba embrujándome, colgándome de aquella historia que ya desde su comienzo me sonaba familiar.
-Yo he leído ese libro- me decía. No sabía que su autor fuese Stefan Zweig. Me levanté y fuí a buscarlo. Estaba convencida de que podía ser un libro que me habían regalado recientemente. Lo encontré de inmediato, pero no era de Stefan Zweig sino de Henri Ibsen. Nada tenía que ver con lo que había oído con enorme atención.
Fui reconstruyendo la historia. La había visto, no leído. La comenté entonces en un párrafo cualquiera de los que escribo en Facebook. También allí había dado fe de mi fascinación por ella. El film se llamaba "Carta de una Desconocida". Y al escuchar la narración me transportó de nuevo a un encantamiento que vivía por segunda vez.
Después de haber oído el relato en "Videodrome", no podía oír otra cosa. Mi mente, y algo más profundo de mi, continuaba embrujándome, colgándome de aquella historia que ya desde su comienzo me sonaba familiar.
-Yo he leído ese libro- me decía. No sabía que su autor fuese Stefan Zweig. Me levanté y fuí a buscarlo. Estaba convencida de que podía ser un libro que me habían regalado recientemente. Lo encontré de inmediato, pero no era de Stefan Zweig sino de Henri Ibsen. Nada tenía que ver con lo que había oído con enorme atención.
Fui reconstruyendo la historia. La había visto, no leído. La comenté entonces en un párrafo cualquiera de los que escribo en Facebook. También allí había dado fe de mi fascinación por ella. El film se llamaba "Carta de una Desconocida". Y al escuchar la narración me transportó de nuevo a un encantamiento que vivía por segunda vez.
Comentarios
Publicar un comentario