Cotilleo

A pesar de la música, (me gusta alta) oí el ruido de la tapadera del contenedor de la basura situado a unos diez metros de la atalaya, Ya se sabe que el ruido tiende a subir. Serían aproximadamente las doce cuarenta del mediodía. Como nadie hace caso al hecho de sacar la basura cuando el sol está puesto, he de decir que me he unido a la tendencia, cansada ya de estar sola en el cumplimiento de la tarea en beneficio de los olores callejeros y de  nuestra sociabilidad, y a pesar de no sentirme a gusto conmigo misma. Es el caso de que si bajo antes por cualquier motivo, la bajo y la tiro sin mirar el reloj.
Era la señora que me había amonestado por el reciclaje del papel y que ella amablemente y adelantándose a mi reacción tiró el paquete de papel, pues de eso se trataba, al cubo de desechos biodegradables.
Andaba con su bastón cuando se encontró a otra vecina con el suyo propio. Al bastón me refiero.
Por sus gestos deduje que hablaban de sus piernas, posiblemente hinchadas y de sus males. Ambas de avanzada edad, vestían sendas batas sin mangas y escotadas. Me quedé estupefacta. Ya en la atalaya, si no frío, sí un leve frescor se levantaba y que yo notaba pese a un pantalón de algodón una camiseta de manga corta y un blusón holgado asimismo de algodón con manga tres cuartos. Ellas sin embargo no parecían sentir el frecor.
Tendrán las piernas débiles, inflamadas,  pero en el resto del cuerpo tienen un calor que ya quisiéramos los menos viejos.

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