Del destino
La ciencia avanza a pasos agigantados. Determinar la utilidad de la ciencia no me concierne dado que nada sé de ciencia. El mencionarla es como descubrir que con ella o sin ella el destino o azar entre miles o tal vez millones de astros desconocidos, seres vivos desconocidos, tierras inexploradas, el mismo cerebro humano desconocido, una pregunta muy simple sigue siendo un enigma.
¿Existe el destino?
Lo contemplaba así en una noche insomne...
Nacemos de dos desconocidos. No los hemos elegido. Nacemos en un lugar desconocido que no hemos elegido. Nacemos en una fecha desconocida que tampoco hemos elegido. ¿No depende nuestro destino de esos hechos en gran medida? ¿No son esos hechos gran parte de nuestro destino en si mismos?
Hoy día se habla mucho de conducir la vida propia. ¿En qué parte del mundo puedes dirigirla? Pero sobre todo ¿en qué proporción? Ni siquiera nos está permitido elegir nuestra muerte con dignidad. (El suicidio lo omito conscientemente y sin debate). Es una libre elección ciertamente. pero no me refiero al suicidio como modo digno de morir, porque no puedo ni debo juzgarlo. Se sabe que es considerado como algo atroz. Quizás sea por el hecho de que no consideramos que nuestra vida nos pertenece. Pero nos pertenece y sólo el miedo a perderla nos hace pensar que atentar libremente contra ella es un <sindios>. Sabemos no obstante que existen seres que eligen quitarse la vida, y si lo eligen no se puede hablar de destino sino de decisión. Lo que les lleva a hacer tamaña cosa, es otra cuestión. Cuando pienso en ello, sólo adivino desesperación y en cierto modo, parece lógico que sean más las personas más jóvenes las que llevan a cabo el suicidio. Están menos preparados para afrontar las dificultades de la vida. En su inocencia se rinden antes. Lo que de nuevo nos lleva al destino. Esas dificultades no nacen de la libre elección -cabe presumir-.
Ayer oyendo un programa de radio sobre Latino-América, sobre las muertes que las grandes corporaciones como Monsanto y Bayern causan, es cosa del destino para los aborigenes y de voluntad propia por parte de esas empresas eregidas por si mismas en salvadoras del hambre en el mundo. Justo así como cada país que invade otro, sin más argumento que el de las armas.
¿Se elige el destino entonces?
¿Existe el destino?
Lo contemplaba así en una noche insomne...
Nacemos de dos desconocidos. No los hemos elegido. Nacemos en un lugar desconocido que no hemos elegido. Nacemos en una fecha desconocida que tampoco hemos elegido. ¿No depende nuestro destino de esos hechos en gran medida? ¿No son esos hechos gran parte de nuestro destino en si mismos?
Hoy día se habla mucho de conducir la vida propia. ¿En qué parte del mundo puedes dirigirla? Pero sobre todo ¿en qué proporción? Ni siquiera nos está permitido elegir nuestra muerte con dignidad. (El suicidio lo omito conscientemente y sin debate). Es una libre elección ciertamente. pero no me refiero al suicidio como modo digno de morir, porque no puedo ni debo juzgarlo. Se sabe que es considerado como algo atroz. Quizás sea por el hecho de que no consideramos que nuestra vida nos pertenece. Pero nos pertenece y sólo el miedo a perderla nos hace pensar que atentar libremente contra ella es un <sindios>. Sabemos no obstante que existen seres que eligen quitarse la vida, y si lo eligen no se puede hablar de destino sino de decisión. Lo que les lleva a hacer tamaña cosa, es otra cuestión. Cuando pienso en ello, sólo adivino desesperación y en cierto modo, parece lógico que sean más las personas más jóvenes las que llevan a cabo el suicidio. Están menos preparados para afrontar las dificultades de la vida. En su inocencia se rinden antes. Lo que de nuevo nos lleva al destino. Esas dificultades no nacen de la libre elección -cabe presumir-.
Ayer oyendo un programa de radio sobre Latino-América, sobre las muertes que las grandes corporaciones como Monsanto y Bayern causan, es cosa del destino para los aborigenes y de voluntad propia por parte de esas empresas eregidas por si mismas en salvadoras del hambre en el mundo. Justo así como cada país que invade otro, sin más argumento que el de las armas.
¿Se elige el destino entonces?
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