De la mente

Suelo ver la 2 de televisión, especialmente los domingos por la noche y los miércoles sobre las nueve. 
Anoche, se trataba de un film sobre la guerra civil española. La buena nueva, se titulaba. Basada además en una historia real. Comenzaron las dudas. ¿La veo? ¿No la veo? Sería bueno que te preparases a través de la razón y no a través del sentimiento y la abordases como algo que ya ocurrió.
Claro que eso no es fácil. Al menos para mi, no es fácil, porque no sólo soy consciente del horror de una guerra entre hermanos (literalmente hermanos), entre vecinos, entre amigos. Pero lo más difícil es saber de antemano cuánto durará la penuria de miles, millones de españoles tras la contienda. Es eso lo que hace que perdure en mi mente el horror. 
¿Razón? ¡Qué razón, puede socorrer ese desasosiego, ese dolor "pasado" cuando el mundo hierve de nuevo y camina sobre el mismo trecho!
Así pues, la vi detenidamente. Tratando de encontrar una paz dentro de mi que no existía. Era imposible mantenerse fría y racional con aquella barbarie. 
Luego escuché atentamente el diálogo que se generó tras la película.
Admiré a la directora y al profesional especializado en la guerra civil española en Navarra, su capacidad de hablar de todo aquello. La una como familiar del cura protagonista, el otro como buen conocedor de la causa. Pero mi barriga seguía tronando disconforme, avergonzada, apenada por tanta tanta injusticia y tan poca poca reparación como la que se le ha concedido hasta hoy a los Rojos. Y además creo y pienso que seguramente, nunca les será otorgada a aquellas personas y sus descendientes la reparación debida.
En este país somos así. Y sálvese quién pueda.


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