El entorno
Muchos artistas dicen inspirarse en el entorno.
¿Qué sugiere un entorno entre una multitud de enfermos en un ambulatorio especializado en traumatología?
No es un lugar de luz. Desde luego que no.
Las voces mal susurradas, procedentes de tantas bocas se elevan de vez en vez en contraste con el lugar del dolor.
Parece inconcebible que en ese ambiente, donde las sillas de ruedas, las muletas, los collarines, con los vendajes y los escayolados miembros, pudiera filtrarse la sonrisa. De la risotadas ni hablamos.
Las personas más jóvenes son las que menos se oyen, atareadas como están con sus teléfonos móviles. Las más ancianas con sus dolores de años a cuestas miran con cierta desolación en derredor. Apenas cruzan una palabra con quienes las acompañan.
La sensación de desamparo en ellas, estremece al observador. Predominan las personas con compañía, pero las hay también solas. Ellas son las más parlanchinas. El tono de voz sube unos momentos, para bajar casi de inmediato. Se ha subido sin querer y es el eco traidor que lo devuelve como si se hallaran todos ellos en un valle rodeado de montañas.
La acústica del lugar sería excelente para cualquier música. También para el llanto de un niño.
Se ha hecho el silencio.
¿Qué sugiere un entorno entre una multitud de enfermos en un ambulatorio especializado en traumatología?
No es un lugar de luz. Desde luego que no.
Las voces mal susurradas, procedentes de tantas bocas se elevan de vez en vez en contraste con el lugar del dolor.
Parece inconcebible que en ese ambiente, donde las sillas de ruedas, las muletas, los collarines, con los vendajes y los escayolados miembros, pudiera filtrarse la sonrisa. De la risotadas ni hablamos.
Las personas más jóvenes son las que menos se oyen, atareadas como están con sus teléfonos móviles. Las más ancianas con sus dolores de años a cuestas miran con cierta desolación en derredor. Apenas cruzan una palabra con quienes las acompañan.
La sensación de desamparo en ellas, estremece al observador. Predominan las personas con compañía, pero las hay también solas. Ellas son las más parlanchinas. El tono de voz sube unos momentos, para bajar casi de inmediato. Se ha subido sin querer y es el eco traidor que lo devuelve como si se hallaran todos ellos en un valle rodeado de montañas.
La acústica del lugar sería excelente para cualquier música. También para el llanto de un niño.
Se ha hecho el silencio.
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