Y volver, volver
A las 8 y 40 minutos de la mañana, las calles no están cerradas. Los negocios sí, salvo lo bares. ¡Qué lugares!
En uno de ellos me encuentro, a la espera de una vieja conocida que, lo fue, en su descarada juventud.
Rondaría yo la treintena larga, mientras a ella le faltaba un mucho para la veintena.
De nuevo Facebook, haciendo de celestina. En el caso que nos ocupa haciendo de hilandera de zurcidos y olvidos.
En algunas ocasiones, nos absorbe el vértigo de nuestra propia actividad desmesurada.
-Creo pertenecer a la excepción, sin saber muy bien si es por mérito propio o por una cuestión generacional-. Corramos un tupido velo. Al menos yo no recuerdo ese deambular impenitente tan característico del mundo actual en el que,no solo los jóvenes anda a la desbandada de un lugar a otro sin descanso.
De nuevo bordando de indisciplina los pensares.
Regreso al momento de la espera y me pregunto si será puntual. Sigo escribiendo en un papel que espero no perder como otras veces.
Un leve dolor de cuello me desvía de este quehacer. Y es que he dormido poco con la tensión típica en mi del "tengo que" madrugar. Basta esa frase, para sacarme de mi acomodaticia cotidianidad.
Llegó puntual.
Cuando horas después cada mochuelo regresó a su olivo, pensé si se volvería a repetir.
¿Cómo reaccionaría al encuentro? Yo misma buscaba un calificativo. Días después me dijo vía chat que le había resultado interesante.
No volvimos a quedar para otra cita.
En uno de ellos me encuentro, a la espera de una vieja conocida que, lo fue, en su descarada juventud.
Rondaría yo la treintena larga, mientras a ella le faltaba un mucho para la veintena.
De nuevo Facebook, haciendo de celestina. En el caso que nos ocupa haciendo de hilandera de zurcidos y olvidos.
En algunas ocasiones, nos absorbe el vértigo de nuestra propia actividad desmesurada.
-Creo pertenecer a la excepción, sin saber muy bien si es por mérito propio o por una cuestión generacional-. Corramos un tupido velo. Al menos yo no recuerdo ese deambular impenitente tan característico del mundo actual en el que,no solo los jóvenes anda a la desbandada de un lugar a otro sin descanso.
De nuevo bordando de indisciplina los pensares.
Regreso al momento de la espera y me pregunto si será puntual. Sigo escribiendo en un papel que espero no perder como otras veces.
Un leve dolor de cuello me desvía de este quehacer. Y es que he dormido poco con la tensión típica en mi del "tengo que" madrugar. Basta esa frase, para sacarme de mi acomodaticia cotidianidad.
Llegó puntual.
Cuando horas después cada mochuelo regresó a su olivo, pensé si se volvería a repetir.
¿Cómo reaccionaría al encuentro? Yo misma buscaba un calificativo. Días después me dijo vía chat que le había resultado interesante.
No volvimos a quedar para otra cita.
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