Otro despertar

Oía, oía y sonreía. ¿Era música?
Envié una saludo con una sonrisa a mi hermano enfermo, a mis fantasmitas, deseando para ellos un lugar acogedor. ¡Ay! Qué bueno a veces imaginar ese lugar inexistente.  Como decía: mis fantasmitas se van sumando y casi que no van cabiendo. Pero les empujo y les hago sitio. 
Con los ojos cerrados y con la calidez del ensueño, me tapé la cabeza y seguí sonriendo hasta que volví a dormir. Cuando desperté ya estaba la mañana avanzada, y una ligereza inusual con los años y los kilos, pese a que digan que no pesan, salté literalmente de la cama. Estaba tan feliz después de tantos días "raros" -sin especificar lo de raros- que, a pesar de ser un día blanco, como un tazón enorme de leche, lo veía intensamente azul.

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