Cuando leas esta carta...
Querido amigo:
En primer lugar agradecerte con todo el corazón que te hayas interesado por el estado de salud de mi hermano José.
Estimadísimo amigo, permite que, aprovechando tu comprensión y amistad de tantísimos años, te haga participe de algo que debería callar y no puedo, que debería ni pensar en ello y...¡ no puedo! Que me he dicho mil veces por mil, que no es mi problema, que no debo entrar ni salir en algo de lo que no formo parte. He argumentado en un largo soliloquio sobre todos los posibles contras y pros, sin llegar a ninguna conclusión. Pero, querido amigo, perdóname, si he decidido callar, no así escribir. Y te escribo a tí. Porque, estimadísimo amigo, no puedo llevarlo sola en mi conciencia, de modo que, allá va.
Hace meses que hospitalizaron a José. De estar a su lado en todo momento. Se encargarían (desconozco quién lo determinó de ese modo) María y Ricardo. Y así ha sido llevado a cabo.
Al preguntar- no importa cuando- sobre el tema y como se iba solucionando y porqué no participabamos más de nosotros, se decidió María a contarme cómo se iban turnando.
Ricardo, propuso a María el tema siguiente: José, una vez curado, tendría que afrontar los gastos de sus desplazamientos al hospital y de lo que tuvieran que consumir en las horas. ( Días y meses como después se ha visto). José no podía decir ni si ni no, dado su estado de inconsciencia en el que ha estado tantos días.
María me lo contaba, y lo hacía con toda la naturalidad del mundo. Digo lo de cobrarle a José. Con qué normalidad hablaba del tema.
No argumenté, ni siquiera se me escapó un gesto de asombro. No pregunté. Me quedé muda.
He estado tratando de comprender. Y comprendo en parte. Ni él ni ella, me refiero a Ricardo y María, María y Ricardo, no están en la mejor postura económicamente hablando. Pero viendo lo que me ha cobrado María por acompañarme al médico deduzco lo que se le viene encima al pobre José.
No trato de ser desagradecida. Ella-como te digo- no está en la mejor de las situaciones económicas, y suelo ser la primera en ofrecerme a que me acepte una ayuda. Pero, pero cobrarme así; me hace pensar en el pobre José. Meses de traslado...
Por otro lado, lo fácil que lo ve ella. Con qué normalidad lo comenta.
Querido amigo, debe ser la diferencia generacional, si bien, con Ricardo nos separan cuatro años... Eso, sí, y mil mundos (sabes que me refiero al modo de ver, la situación social, la política)
etc.etc.
Los que me separan de María son muchos más, pero supongo, supongo, sólo puedo suponer, que la idea ha partido de Ricardo y que a María se le han abierto los ojos y ha aprovechado la cuyuntura. (Al menos en lo que a mi respecta. Antes no era así la cuestión). No exigía nada salvo lo que le ofrecía.
¿En qué mundo nos ha tocado vivir la vejez? No tendremos ni el consuelo de decir "Arrieritos somos...." No nos queda vida suficiente para eso.
Pienso en lo que le espera a José y me ahoga.
Y ahora , amigo,¡ puf! He descargado un poco la opresión que sentía en el pecho, y que espero, que comprendas que, tenía la necesidad de abrir mi corazón, darle salida a una situación que me cuesta entender.
Espero no haber abusado de tu comprensión. Tan segura estoy de tu amistad, de tu forma de ver la vida, de tu generosidad y bondad...
Espero que podamos vernos alguna otra vez, aunque la distancia es mucha y tus obligaciones para con los tuyos no ayuden, no pierdo la esperanza de un próximo encuentro.
Sólo me queda que enviarte un abrazo de esos que llamo rompe-costillas y un hasta siempre, amigo del alma.
En primer lugar agradecerte con todo el corazón que te hayas interesado por el estado de salud de mi hermano José.
Estimadísimo amigo, permite que, aprovechando tu comprensión y amistad de tantísimos años, te haga participe de algo que debería callar y no puedo, que debería ni pensar en ello y...¡ no puedo! Que me he dicho mil veces por mil, que no es mi problema, que no debo entrar ni salir en algo de lo que no formo parte. He argumentado en un largo soliloquio sobre todos los posibles contras y pros, sin llegar a ninguna conclusión. Pero, querido amigo, perdóname, si he decidido callar, no así escribir. Y te escribo a tí. Porque, estimadísimo amigo, no puedo llevarlo sola en mi conciencia, de modo que, allá va.
Hace meses que hospitalizaron a José. De estar a su lado en todo momento. Se encargarían (desconozco quién lo determinó de ese modo) María y Ricardo. Y así ha sido llevado a cabo.
Al preguntar- no importa cuando- sobre el tema y como se iba solucionando y porqué no participabamos más de nosotros, se decidió María a contarme cómo se iban turnando.
Ricardo, propuso a María el tema siguiente: José, una vez curado, tendría que afrontar los gastos de sus desplazamientos al hospital y de lo que tuvieran que consumir en las horas. ( Días y meses como después se ha visto). José no podía decir ni si ni no, dado su estado de inconsciencia en el que ha estado tantos días.
María me lo contaba, y lo hacía con toda la naturalidad del mundo. Digo lo de cobrarle a José. Con qué normalidad hablaba del tema.
No argumenté, ni siquiera se me escapó un gesto de asombro. No pregunté. Me quedé muda.
He estado tratando de comprender. Y comprendo en parte. Ni él ni ella, me refiero a Ricardo y María, María y Ricardo, no están en la mejor postura económicamente hablando. Pero viendo lo que me ha cobrado María por acompañarme al médico deduzco lo que se le viene encima al pobre José.
No trato de ser desagradecida. Ella-como te digo- no está en la mejor de las situaciones económicas, y suelo ser la primera en ofrecerme a que me acepte una ayuda. Pero, pero cobrarme así; me hace pensar en el pobre José. Meses de traslado...
Por otro lado, lo fácil que lo ve ella. Con qué normalidad lo comenta.
Querido amigo, debe ser la diferencia generacional, si bien, con Ricardo nos separan cuatro años... Eso, sí, y mil mundos (sabes que me refiero al modo de ver, la situación social, la política)
etc.etc.
Los que me separan de María son muchos más, pero supongo, supongo, sólo puedo suponer, que la idea ha partido de Ricardo y que a María se le han abierto los ojos y ha aprovechado la cuyuntura. (Al menos en lo que a mi respecta. Antes no era así la cuestión). No exigía nada salvo lo que le ofrecía.
¿En qué mundo nos ha tocado vivir la vejez? No tendremos ni el consuelo de decir "Arrieritos somos...." No nos queda vida suficiente para eso.
Pienso en lo que le espera a José y me ahoga.
Y ahora , amigo,¡ puf! He descargado un poco la opresión que sentía en el pecho, y que espero, que comprendas que, tenía la necesidad de abrir mi corazón, darle salida a una situación que me cuesta entender.
Espero no haber abusado de tu comprensión. Tan segura estoy de tu amistad, de tu forma de ver la vida, de tu generosidad y bondad...
Espero que podamos vernos alguna otra vez, aunque la distancia es mucha y tus obligaciones para con los tuyos no ayuden, no pierdo la esperanza de un próximo encuentro.
Sólo me queda que enviarte un abrazo de esos que llamo rompe-costillas y un hasta siempre, amigo del alma.
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