No hay título que sepa de sueños

¡Ay!
Hay lugares donde el tiempo parece detenido. Detenido en un momento de profunda armonía. Como si el libro que escogieras en ese lugar tuviese un halo mágico. Como si la música que oyeras estuviese impregnada de una dulzura inolvidable. Como si en aquél balcón, al que alzas la mirada, viviese la figura más amada, más deseada. Aquella que nunca pudiste olvidar a través de ese tiempo que, es falacia, porque no existe, pero que está latente en tí. Sí, esos lugares de un ¡ay! interno, que no se atreve a salir porque callado se saborea con más deleite.
En algunos de esos lugares, invisibles tal vez, se esconden los suspiros más íntimos, más hondos, más incisivos. Envueltos en cálidos y sedosos tejidos de ensueño agareno, oriental.
¡Ay!

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