Saudade
Iba la mañana despacio, y a cada instante, iba yo también, añorando el instante anterior. Oía palabras de la radio. Palabras que hablaban de amor. Del amor de los árboles, de las golondrinas, de los gusanos. Del amor de todos esos seres, que amaban sin pedir nada a cambio. Y la mañana iba despacio. Y vino él, visitante impredecible, pero constante. Y pensé en las velas que, adornaban no hace apenas nada, la atalaya y que un día cualquiera se apagaron cuando él venía. Y él se va, pero vuelve una y otra y otra vez para apagarlas. No las encendí más. ¿Qué sentido tenía prenderlas?
Y añoré esas cálidas luces que indicaban presencia humana.
Iba la mañana despacio y a cada instante la distancia de mi añoranza se iba más atrás en el tiempo. Y alguien habló de las masas de viajeros convulsos, de las cartas...¡Ay! Las cartas. Como mi admirado Eduardo Galeano decía, que decían de ellas los indios de -he olvidado que tribu- que era "papel de Dios" porque traían noticias de seres amados que vivían lejos.
Y la mañana iba despacio. Envolvente, cálida sugerente de amores que no piden recompensas por amar.
Así iba la mañana vestida de azul intenso.
Y así iba yo añorando el instante pasado.
¿Y quién es él?
Céfiro, Europa, Eolo, Aire, aire, aire. Él es el aire.
Y añoré esas cálidas luces que indicaban presencia humana.
Iba la mañana despacio y a cada instante la distancia de mi añoranza se iba más atrás en el tiempo. Y alguien habló de las masas de viajeros convulsos, de las cartas...¡Ay! Las cartas. Como mi admirado Eduardo Galeano decía, que decían de ellas los indios de -he olvidado que tribu- que era "papel de Dios" porque traían noticias de seres amados que vivían lejos.
Y la mañana iba despacio. Envolvente, cálida sugerente de amores que no piden recompensas por amar.
Así iba la mañana vestida de azul intenso.
Y así iba yo añorando el instante pasado.
¿Y quién es él?
Céfiro, Europa, Eolo, Aire, aire, aire. Él es el aire.
Comentarios
Publicar un comentario