Una noche en Taharnout
...Y mientras su acompañante hacía saltar con sus ronquidos las piedras, contribuyendo así a aumentar las arenas del Sáhara, a su lado, ella insomne, contemplaba en la oscuridad como una horda de tuaregs, ocultos los rostros y vestidos con amplios ropajes de un intenso azul noche y, montando sobre briosos caballos árabes, invadían aquella habitación de altísimos techos y paredes color rojo venecia, la llenaban de pavor en su éxtasis de vino y hachís.
La noche no parecía querer acabar nunca.
Al día siguiente impuso con voluntad inquebrantable abandonar el lugar.
Fue a casa de la amiga para devolver la llave de la casa de pesadilla, cuando una hermana de la amiga le dijo bajito: "a mi también me da mucho miedo dormir en aquella casa en medio de la nada". Y en ese mismo instante comprendió que había sido una tonta y que quería regresar, pero su mentalidad occidental se impuso y con gran pesar entregó la llave.
La noche no parecía querer acabar nunca.
Al día siguiente impuso con voluntad inquebrantable abandonar el lugar.
Fue a casa de la amiga para devolver la llave de la casa de pesadilla, cuando una hermana de la amiga le dijo bajito: "a mi también me da mucho miedo dormir en aquella casa en medio de la nada". Y en ese mismo instante comprendió que había sido una tonta y que quería regresar, pero su mentalidad occidental se impuso y con gran pesar entregó la llave.
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