Hablemos de sexo
Su mirada vidriosa de lascivia hacía temblar su corazón de ira y asco.
Era la mirada de su hermano.
Entre gemidos que rompían el alma, y el rostro bañado en lágrimas, me lo contaba.
No tuve palabras para consolarla.
Era la mirada de su hermano.
Entre gemidos que rompían el alma, y el rostro bañado en lágrimas, me lo contaba.
No tuve palabras para consolarla.
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