Sinfonía num. 1 de Brahms

Paseo por el bosque.
El viento sopla sinfonías de Brahms.
Llena de arrobo contemplo los ciervos y sus arboladas astas, picolísimas arboledas.
Se alzan los bramidos vigorosos y apasionados del amor.
Entre la espesura, algún símbolo cristiano de aspecto medieval, recuerda la oscura presencia del hombre.
Pisadas, carreras, encuentros de los habitantes del bosque se suceden celebrando.
La brisa sopla como en un intento de  mitigar la pasión, pero sólo consigue sublimar lo que los ojos
vidriosos de emoción contemplan.
Tras la apoteosis amorosa, la eterna primavera siembra armonías.
Un cantar sereno, se extiende. Es el estribillo de la gloria.
Se abre lenta la puerta sagrada.
Lento mi caminar, el vuelo alto.
Percibo un magnificat húmedo, contagiado de hermosura.
¡Tanta es la belleza!, que no quiero regresar de este encuentro con la naturaleza viva, ardiente. sin límites posibles.
Azgo la mano de Brahms, la aferro con fuerza negándome a despertar.

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