Una cena playera
Lola y Enrique solían salir a menudo mientras el marido de Lola andaba trabajando por esos mundos de dios.
Enrique era el mejor amigo de Pablo.
Cuando salían los tres se sucedían las horas hasta la madrugada que de vez en vez acababa con e
unos carajillos en la lonja. Y de ahí directamente al curro.
Enrique no se explicaba la capacidad de Lola para enrollarse mientras él iba por ejemplo al baño.
¿Cómo lo haces?
Fácil. Les digo: hola y responden. El resto es automático.
Enrique, era más bien tímido, pero su humor era inteligente y mordaz.
Lola se divertía con él a rabiar.
Quedaron a cenar. Lola volvía derrengada del trabajo y le pareció una estupenda idea cenar en un chiringuito en la playa.
La velada fue muy linda. Casi como siempre.
Cuando Enrique pidió la cuenta, el camarero servicial preguntó si necesitaban algo más. A lo que Lola respondió, si pudiera usted llevarme en brazos hasta el coche se lo agradecería.
El camarero esbozó una sonrisa y se marchó por donde había venido.
Caminaban hacia el coche cuando Enrique dijo: no me vuelvas a poner en un brete semejante.
¿Qué brete? ¿De qué hablas?
De lo que le has propuesto al camarero.
¿Lo de llevarme en brazos? ¡Era una broma!
Sí, a lo que podía haberte respondido, ¿ y por qué no te lleva el huevón que llevas al lado?
¡Jajajajaja! No había caído.
Nunca caes, hablas sin pensar.
Jajajajaja, jajajajaja
Para eso estás tú, Enrique.
Ese era el humor que hacía que Lola se divirtiera a lo grande con él.
Cuando se lo contaron a Pablo éste añadió con cierta abulia: ¡qué cosas tiene!Enrique y Lola estallaron en carcajadas ante tal despliegue de entusiasmo.
Enrique era el mejor amigo de Pablo.
Cuando salían los tres se sucedían las horas hasta la madrugada que de vez en vez acababa con e
unos carajillos en la lonja. Y de ahí directamente al curro.
Enrique no se explicaba la capacidad de Lola para enrollarse mientras él iba por ejemplo al baño.
¿Cómo lo haces?
Fácil. Les digo: hola y responden. El resto es automático.
Enrique, era más bien tímido, pero su humor era inteligente y mordaz.
Lola se divertía con él a rabiar.
Quedaron a cenar. Lola volvía derrengada del trabajo y le pareció una estupenda idea cenar en un chiringuito en la playa.
La velada fue muy linda. Casi como siempre.
Cuando Enrique pidió la cuenta, el camarero servicial preguntó si necesitaban algo más. A lo que Lola respondió, si pudiera usted llevarme en brazos hasta el coche se lo agradecería.
El camarero esbozó una sonrisa y se marchó por donde había venido.
Caminaban hacia el coche cuando Enrique dijo: no me vuelvas a poner en un brete semejante.
¿Qué brete? ¿De qué hablas?
De lo que le has propuesto al camarero.
¿Lo de llevarme en brazos? ¡Era una broma!
Sí, a lo que podía haberte respondido, ¿ y por qué no te lleva el huevón que llevas al lado?
¡Jajajajaja! No había caído.
Nunca caes, hablas sin pensar.
Jajajajaja, jajajajaja
Para eso estás tú, Enrique.
Ese era el humor que hacía que Lola se divirtiera a lo grande con él.
Cuando se lo contaron a Pablo éste añadió con cierta abulia: ¡qué cosas tiene!Enrique y Lola estallaron en carcajadas ante tal despliegue de entusiasmo.
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