El regreso a la realidad
Descubrió que aquello que sucedía a su alrededor no era normal. Tampoco la voz antigua de sus soliloquios era la misma. Su percepción del sueño o del estado en que se encontraba era una conciencia lejana del sueño o de la amnesia, si así podían denominarse las experiencias vividas hasta este momento. No no era una forma fosilizada de sus vivencias oníricas. Pensó que lo que sentía, mejor dicho, que aquello que en su interior notaba, carecía de emoción y que tenía voluntad propia. Si insistiera, tal vez llegaría a la conclusión de que estaba viviendo una duplicidad de su mente. La de una nueva conciencia. Un intenso deseo de regresar a Naturland o al País de las Maravillas acosaba su alma. Pero aquél estado de su consciente la retenía a su pesar en un vacío oscuro e impenetrable.
Un salpicón de nubes la distrajo unos segundos de aquel estado indescifrable.
"El corro de la patata/comeremos ensalada/como comen los señores/sentaditos en sillones", evocó sin saber por qué con desaliento. Pero, sí, sí sabía. Era un intento de regresar al estado de inocencia que la estimara limpia, en su simpleza original.
Se multiplicaban los fantasmas y no encontraba el espacio para contenerlos. Su insistencia en aparecer de mil formas no la acercaban de ninguna manera a la conciliación con su pensamiento, y la manera de conciliación generalizada y masivamente aceptada no se avenía con la suya. El cielo de color parduzco no contribuía a esclarecer lo que ocupaba su mente. Un ser furtivo se había apoderado no sólo de sus actos sino de su voluntad de soñar manteniéndola en una especie de realidad indeseable.
Cuando la Parca aparecía languidecían los colores. Hasta el cielo se contagiaba.
Sé que pasará, es más me asombra la falta de dolor-dijo una voz ya más reconocible pero aún en la distancia. Sé que pasará se repitió en un renovado propósito de regresar a su mundo utópico.
Amelia cerró los ojos. Recordó un poema que había oído recientemente en la radio.
"¿Por qué no suenan las campanas?
ya para el salto estoy dispuesta.
¿Acaso quieres más cadáveres
de sueños muertos de inocencia?"
Y añadió de su propia cosecha:
Ya casi no puedo con el mundo
que azota entero mi conciencia.
Seguidamente se dirigió con la mente a los que se habían ido para siempre:
Buenas noches mis fantasmitas. Un invitado más se unió a vuestras filas. Acogedlo. Que no esté solo nunca más.
Buenas noches a todos.
Y con esa ilusión se sintió reconfortada.
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