A Noviembre
A lo lejos, a lo lejos
un estrecho encaje azul
a lo lejos, a lo lejos
una ancha luz,
a lo lejos.
Mecido de estío
noviembre,
duerme.
Mientras despierta yo,
me miro en su frente,
en su boca carnosa,
en su pecho caliente.
Como sube, como baja
sosegadamente.
No puedo apartar mi mirada,
de ese su rostro inocente.
Comparo los surcos del mío
con el suyo transparente,
y oprimo el pensamiento
que turbaría por un momento,
su sonrisa permanente y,
deseando al instante,
y con viveza
que su sonrisa sea eterna,
que le durase siempre, siempre.
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