La envidia

Creemos que no está, pero sólo duerme: la envidia.
Hacía mucho tiempo que no sentía el picazón de viajar. Hoy lo he sentido, pero acompañado de la envidia.
He visto a una amiga en Polonia. Y he pensado: quién te lo iba a decir.
Ella me admiraba porque consideraba que yo era una mujer viajada. Quizás por aquellos remotos días lo fuese. Gustarme viajar, siempre me gustó. Otra cosa es que lo hiciera todo lo a menudo que me hubiese gustado.
Con el tiempo y por circunstancias que no vienen a cuento, dejé de hacerlo, pero hoy al ver las fotos maravillosas de esa amiga que decidió dejar de serlo, me ha vuelto a picar el gusanillo. Lo malo es que venía acompañado de una sensación malsana.
Venía cogido de la mano con la envidia.

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