Confesión-Comunión

Miraba la pantalla, pero no veía nada. 
Mi mente se enredaba en la confidencia de un amigo, en su tristeza que, causada por un malentendido, le roía por dentro. Y de pronto, sentí en mi su malestar, su impotencia.
Con el paso de los años, se acumulan las experiencias, y nos vamos solidarizando más y más con los pesares de los otros. Especialmente si nos son queridos. Y éste amigo, no cabe duda que lo es. Querido.
He descubierto su lado más amable (que otro como humano también ha de tener) y  es con ese lado con el que me siento solidaria.
Por eso miraba la pantalla y no veía nada salvo la tristeza del amigo.

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