Háblame

Háblame, mi cielo. Dime cómo me quieres desde tu rincón cálido de luna llena.
Háblame de tus cuitas y tus gozos, de tus esperanzas y de tus logros.
Háblame de tus fracasos. De esas caídas con las que la vida fortalece tu ánimo y tu afán. Háblame.
Si tu corazón arde de pasión, o se enfría con el viento gélido de la indiferencia. 
Dime que la vida, tu vida, está llena de miles de pensamientos y deseos de superarla, de disfrutarla, de vivirla en fin, con todo lo que ella, tu vida, insisto, te ofrece.
Si me amas, mi cielo, me hablarás sin miedo de ti y de mi, de ella o de él.
Dime, si alguna noche, encrespada de dédalos gritaste mi nombre como yo nombro el tuyo imaginándote en el dolor, como  yo te digo en la brisa dulce de una tarde de primavera: te amo y t e amaré siempre. 
Háblame con la osadía del amor sincero, o con el temblor del miedo. Porque amor, amar es todo eso.

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