Ante el maltrato

Enarboló el lazo y,  su casi perfecta
 cicunferencia,
ondeó en el espacio.
Me atrapó y, enroscándolo en mi cuerpo,
 me derribó. 
Mis denodados esfuerzos por mantenerme en pie eran saludados con vocerío despiadado.
Cerré los ojos.
Fingí darme por vencida.
Su grito salvaje atronó el espacio.
Creyó alzarse con su triunfo.
Sin saber cómo me incorporé
y uní a su grito grosero, 
mi grito por la libertad.

Ignoraba, que mi mente,
imaginaba bellos paisajes,
hermosas realidades.
Y me liberé del lazo.

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