En la atalaya
La noche salpicada de luces color melocotón evocan a Granada.
Esa ciudad agarena de los días de patines de mi infancia. Ay.
¡Cuánta torpeza en su manejo!
Si recorría cinco metros sin estrellarme contra el suelo, ya creía pertenecer a aquel circo de patinaje sobre hielo, que a la tía Aurora tanto le gustaba.
Patinaje sobre hielo, era algo mágico, que nunca ví salvo en los carteles. Claro que bastaban aquellos carteles anunciando los frágiles y airosos, y a la par fornidos personajes con sus atuendos vaporosos tan cortitos, para que en aquellos apenas cinco metros recorridos me sintiese una futura patinadora de recios muslos haciendo piruetas llenas de gracia.
Quién no dijo nunca, ¡<<eso, lo sé hacer yo>>!
No importaba morder el polvo una y otra vez. "Algún día seríamos aquello que deseábamos ser."
Es el privilegio de la juventud pensar así, decir así aunque después en la vida la mayoría sea derrotada, porque son muchos los frentes abiertos en contra de los sueños. Pero los hay quienes los consiguen.
No pertenezco al gremio. No puse el empuje ni el esfuerzo necesarios.
Voz en off: < Ni te lo permitieron>.
Pelillos a la mar.
Entonces la obediencia estaba subrayada en el guión de nuestras vidas recién estrenadas.
"Lo digo yo y basta".
Frase dicha en negrita. Tan lacónica como contundente.
Eso del año sabático no figuraba en el diccionario cotidiano de nuestro lenguaje y lo de las oportunidades se remitían a unos espaccios de tiempo tan cortos que no podías apreciarlos en tiempo real.
Pero existir, existían. Doy fe. Eso sí; jamás duraban unos días, un año. ni te cuento.
Otros tiempos, otras hablas para expresar una misma cosa. Servir para algo con dignidad, y siempre
las excepciones caminando por delante. Cuestión de esferas.
¡No, no de esferas estelares! Dejémoslo ahí.
Fui afortunada, fui mística, fui creyente, fui, como no podía ser menos en mi ambiente y en mi época, fui así, en gran parte de mi infancia.
Confrontación impenetrable conmigo misma: entonces fui y si me aprietan aún hoy, haciendo voy de equilibrista en más ocasiones de las deseadas. No en lo que a creencia se refiere. Pero la paz tarda en llegar, La vida, siempre en perpetua pugna del mismo modo que el día se abate a si mismo cuando llega la noche.
No dejo de ser latido, minutero, hora.
Soy un ser determinado en continuo movimiento de rotación y traslación, colgado del espacio infinito, inconcluso.
Una aspirante a ser. Sin más.
Was noch auf mich wartet...
So wenig gelernt!
Esa ciudad agarena de los días de patines de mi infancia. Ay.
¡Cuánta torpeza en su manejo!
Si recorría cinco metros sin estrellarme contra el suelo, ya creía pertenecer a aquel circo de patinaje sobre hielo, que a la tía Aurora tanto le gustaba.
Patinaje sobre hielo, era algo mágico, que nunca ví salvo en los carteles. Claro que bastaban aquellos carteles anunciando los frágiles y airosos, y a la par fornidos personajes con sus atuendos vaporosos tan cortitos, para que en aquellos apenas cinco metros recorridos me sintiese una futura patinadora de recios muslos haciendo piruetas llenas de gracia.
Quién no dijo nunca, ¡<<eso, lo sé hacer yo>>!
No importaba morder el polvo una y otra vez. "Algún día seríamos aquello que deseábamos ser."
Es el privilegio de la juventud pensar así, decir así aunque después en la vida la mayoría sea derrotada, porque son muchos los frentes abiertos en contra de los sueños. Pero los hay quienes los consiguen.
No pertenezco al gremio. No puse el empuje ni el esfuerzo necesarios.
Voz en off: < Ni te lo permitieron>.
Pelillos a la mar.
Entonces la obediencia estaba subrayada en el guión de nuestras vidas recién estrenadas.
"Lo digo yo y basta".
Frase dicha en negrita. Tan lacónica como contundente.
Eso del año sabático no figuraba en el diccionario cotidiano de nuestro lenguaje y lo de las oportunidades se remitían a unos espaccios de tiempo tan cortos que no podías apreciarlos en tiempo real.
Pero existir, existían. Doy fe. Eso sí; jamás duraban unos días, un año. ni te cuento.
Otros tiempos, otras hablas para expresar una misma cosa. Servir para algo con dignidad, y siempre
las excepciones caminando por delante. Cuestión de esferas.
¡No, no de esferas estelares! Dejémoslo ahí.
Fui afortunada, fui mística, fui creyente, fui, como no podía ser menos en mi ambiente y en mi época, fui así, en gran parte de mi infancia.
Confrontación impenetrable conmigo misma: entonces fui y si me aprietan aún hoy, haciendo voy de equilibrista en más ocasiones de las deseadas. No en lo que a creencia se refiere. Pero la paz tarda en llegar, La vida, siempre en perpetua pugna del mismo modo que el día se abate a si mismo cuando llega la noche.
No dejo de ser latido, minutero, hora.
Soy un ser determinado en continuo movimiento de rotación y traslación, colgado del espacio infinito, inconcluso.
Una aspirante a ser. Sin más.
Was noch auf mich wartet...
So wenig gelernt!
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