Nocturnidad

Cuando  llegue -
 y si viene - y la mire,
y no la reconozca diré: fué anoche.
 Estaba feliz, inconsciente e intuitiva,
 un mucho animal,
retozando entre abrazos de mar bravía,
 insomne y viva,
crochet de espumas.
Estaba yo.
Y si llega,
le dedicaré un sentido saludo.
Sin aspavientos. Si llega.
Pero ahora,
 ese algo inefable llamado vida,
 se desliza leve por la hora iluminada, atemperado el latir,
calma la ansiada y difícil respiración -tan de a poco dada-.
Y si llega le diré: llévame libre y salvaje hasta el mar
 y más allá.
Hasta otra mar donde ver-ser-mar.
Quizá, sólo quizá, por unos segundos,
cansada de ser tierra.
Afrodita y Hermafrodito.
Felino de un zoo que sueña su savanna.
Letargo de fiera en la soledad estival.
En este espejo sin luz, me amo y me respeto.
Soy y me acepto.
Un breve resplandor que siempre
agoniza y desata vida.
Agoniza y desata vida.
Romero verde y agua que canta.
Flor que se estremece bajo la pesadez de la lluvia fuerte.
El sol puede abrasarme, la nieve puede...
Pero ahora, cuando mis pétalos florecen, canto.
Y canto sin voz.
Soy esa hierba pequeña, ese árbol, señor del bosque.
Si llega, le diré: gracias por regresar
vida.

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