HALLAZGOS Y PERDIDAS

No recuerdo con exactitud en cómo ni donde conocí a Johnny, pero una vaga idea me habla de un lugar público por las miradas de la gente alrededor. Pudo ser una tienda...Ya caigo, fue en una oficina de una empresa de electricidad en la ciudad de Frankfurt Main, o del Meno para entendernos mejor.
Lo que no olvidé ni olvido fueron sus ojos. Grandes, algo así como tristes. También puedo recordar perfectamente, las miradas un tanto entre extrañadas y despectivas de otras personas allí presentes. Algo que reconozco como innato en mi, algo así como una sensación de empatía.  Hoy sé la palabra exacta: de solidaridad me llevó a entablar conversación con él. Si bien, decir conversación resulta un poco excesivo pues yo no hablo inglés y su alemán era un poco chapucero. El caso es que lo invité a pasar una velada en casa un día de estos Pero concretemos, Johnny. Quería hacerle comprender que lo decía en serio. Y quedamos en casa un sábado. 
Vino con un amigo, también americano yankee, y recordé aquella noche en que unos americanos blancos me ayudaron con...Pero eso será en otro momento. Ahora sigamos.
Nos entendimos muy bien sin necesidad de decir mucho. Suele pasar cuando tienes interés en alguien. Entre Richard, mi marido, y otros amigos que había invitado pasamos una velada más que amena y entretenida. En esas estábamos cuando Johnny y su amigo mencionaron algo de Vietnam. Las orejas reaccionaron avisoras de algo tormentoso, crudo, temible.
No te comprendo, Johnny, le  dije como pude. ¿Por qué, precisamente tú, vas a una guerra de blancos siendo negro? Él me miró con aquellos ojos suyos tan extrañamente sumisos, como de vaca solitaria.  Se encogió de hombros y miró a su amigo que me miraba con asombro.
Al rato nos despedimos. La velada ya no era lo mismo. Una sombra la había enturbiado.
Desconozco si Johnny  cogió su fusil, porque nunca más supe de él ni de su amigo, pero a veces lo recuerdo y me pregunto: ¿regresarían vivos?

Comentarios

Entradas populares