Querido diario, aquí estoy de nuevo, tu insistente confesora, tu eterna< inarrepentida> tu implacable
inaprendida amiga que, cual música insidiosa nunca se deja apresar por el conocimiento.
Hoy entre tantas cosas, surgió una frase en la mente, que, sin cesar va de acá para allá y se dijo quizás lo peor de hacerse tantas preguntas sea eso de no hacerse la pregunta adecuada. Y me quedé un rato pensativa. Luego, como siempre, agité la cabeza para espantar la tristeza que dicha cuestión me había causado. ¿ Y de donde va a salir? ¿De qué aulas si no conozco otras que las propias?
Cambio de tercio, querido diario.
El cielo nunca miente.
Van emergiendo las estrellas. Tímidamente.Tras largos días de lluvia y frío, regreso a la atalaya.
La noche es cálida. ¿O será mi corazón? Estoy tan a gusto saboreando este cielo, este aire con aroma a galán de noche y a la inquieta luz de la vela que, con su dulce vaivén evoca una vieja danza.
¡Qué cursilada se me acaba de ocurrir...A mamá le encantaba aquella estrofa de una canción que decía: Espronceda me suele decir madrigales. ¡Ah! Ya la palabra madrigales evoca algo poético y acariciador.
Cuando me inanda la paz, como en estos momentos, quisiera que todo ser vivo gozara alguna ve de ella Sí, hasta al más ruín de los mórtales. Quién sabe si entonces tal vez...
Puede que sea pueril, ya tonta de remate, pero lo deseo así. Soy más felíz en la armonía íntima que en la cacareada libertad, porque en la armonía interna se encuentra la auténtica libertad.
inaprendida amiga que, cual música insidiosa nunca se deja apresar por el conocimiento.
Hoy entre tantas cosas, surgió una frase en la mente, que, sin cesar va de acá para allá y se dijo quizás lo peor de hacerse tantas preguntas sea eso de no hacerse la pregunta adecuada. Y me quedé un rato pensativa. Luego, como siempre, agité la cabeza para espantar la tristeza que dicha cuestión me había causado. ¿ Y de donde va a salir? ¿De qué aulas si no conozco otras que las propias?
Cambio de tercio, querido diario.
El cielo nunca miente.
Van emergiendo las estrellas. Tímidamente.Tras largos días de lluvia y frío, regreso a la atalaya.
La noche es cálida. ¿O será mi corazón? Estoy tan a gusto saboreando este cielo, este aire con aroma a galán de noche y a la inquieta luz de la vela que, con su dulce vaivén evoca una vieja danza.
¡Qué cursilada se me acaba de ocurrir...A mamá le encantaba aquella estrofa de una canción que decía: Espronceda me suele decir madrigales. ¡Ah! Ya la palabra madrigales evoca algo poético y acariciador.
Cuando me inanda la paz, como en estos momentos, quisiera que todo ser vivo gozara alguna ve de ella Sí, hasta al más ruín de los mórtales. Quién sabe si entonces tal vez...
Puede que sea pueril, ya tonta de remate, pero lo deseo así. Soy más felíz en la armonía íntima que en la cacareada libertad, porque en la armonía interna se encuentra la auténtica libertad.
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