Qué hermoso día
Ayer leímos las necedades mías. Es siempre tan aquiescente...
Se deja conquistar por poco. Años de amistad la avalan.
Nunca y siempre sería un comienzo para definir o no definir que la muerte-como dijo aquella conocida mía, y amiga de un ex, llamada Lola, la cual decía que las cartas decían que, en mi vida había mucha muerte. Y de pronto, mil años más tarde, tomo consciencia de esa presencia inevitable y constato que Lola, la echadora de cartas, sin que yo le pidiese hacerlo, acertó. Entonces me reí. No creo en las brujas. Soy más de hadas. (Aquí mi amiga se ríe conmigo). Y hasta aquí hemos leído.
Desfilan ante mi los niños muertos de mi infancia. Veo los muertos adolescentes de mi adolescencia. (Entonces no se llamaba así, y si se llamaba, no era importante) y, sin apenas notarlo, fui concienciándome de las muertes que, de alguna manera, habían irrumpido en mi vida y de como habían ido causando destrozos en ella cada vez más y más sangrantes.
Ese tiempo que decimos que no existe regresó a mi mente. Si bien, y a decir verdad, nunca aquellos habían desaparecido totalmente.¿Sabes Eli, los he recordado sin acritud y ya sin dolor de vez en vez) Y continué: cuando a Lola se le ocurrió, echar(me) las cartas, dijo que había algo en mi que la empujaba a echarlas. y vio las muertes, que creí futuras, y que no tardaron en aparecer. Dos de ellas las más crueles y duras. La de papá tras una larga y dolorosisima enfermedad, y la del hermano menor. Veintidós abriles. Y así fui desgranándole a mi amiga, nombres y circunstancias. Y algunas vivencias extra - muertes, y muy vívidas que con algún muertito había tenido. (Cómo nos reímos).
No nos asusta la muerte, sólo la forma de morir. Y también nos reímos de cuando yo presumía de morir de tabaquismo ,y, nos reímos de que, cuando al verle los cuernos al diablo dejé de querer morirme por causa del maldito y dichoso tabaco. Siempre entre risas.
Hablamos, como siempre hablamos, del amor, de la muerte (ya vamos sobrados), de sexo y de literatura. Hasta cayó algo de cine y de las ganas que tenía de ver una serie alemana que...
¿Tienes un pendrive?
Te grabaré la serie. ¿Cómo dices que se llama?
Babel Berlin O.S.T
¡Ah sí, he oído hablar de ella!
Se iba yendo el día.
Tengo que irme y no me apetece.
Seguimos unos minutos más.
Tengo que irme y no quiero.
Tampoco yo que te vayas, pero...
Volveré.
Que sea muy pronto.
Y como en cada despedida, surgieron los nombres de otros amigos y amigas y casi se hace más larga la despedida que la visita, si a lo que celebramos se le puede llamar visita, porque las visitas (muchas) surgen de algún tipo de inteés o deber y nuestros encuentros son de puro gozo y amistad.
Se deja conquistar por poco. Años de amistad la avalan.
Nunca y siempre sería un comienzo para definir o no definir que la muerte-como dijo aquella conocida mía, y amiga de un ex, llamada Lola, la cual decía que las cartas decían que, en mi vida había mucha muerte. Y de pronto, mil años más tarde, tomo consciencia de esa presencia inevitable y constato que Lola, la echadora de cartas, sin que yo le pidiese hacerlo, acertó. Entonces me reí. No creo en las brujas. Soy más de hadas. (Aquí mi amiga se ríe conmigo). Y hasta aquí hemos leído.
Desfilan ante mi los niños muertos de mi infancia. Veo los muertos adolescentes de mi adolescencia. (Entonces no se llamaba así, y si se llamaba, no era importante) y, sin apenas notarlo, fui concienciándome de las muertes que, de alguna manera, habían irrumpido en mi vida y de como habían ido causando destrozos en ella cada vez más y más sangrantes.
Ese tiempo que decimos que no existe regresó a mi mente. Si bien, y a decir verdad, nunca aquellos habían desaparecido totalmente.¿Sabes Eli, los he recordado sin acritud y ya sin dolor de vez en vez) Y continué: cuando a Lola se le ocurrió, echar(me) las cartas, dijo que había algo en mi que la empujaba a echarlas. y vio las muertes, que creí futuras, y que no tardaron en aparecer. Dos de ellas las más crueles y duras. La de papá tras una larga y dolorosisima enfermedad, y la del hermano menor. Veintidós abriles. Y así fui desgranándole a mi amiga, nombres y circunstancias. Y algunas vivencias extra - muertes, y muy vívidas que con algún muertito había tenido. (Cómo nos reímos).
No nos asusta la muerte, sólo la forma de morir. Y también nos reímos de cuando yo presumía de morir de tabaquismo ,y, nos reímos de que, cuando al verle los cuernos al diablo dejé de querer morirme por causa del maldito y dichoso tabaco. Siempre entre risas.
Hablamos, como siempre hablamos, del amor, de la muerte (ya vamos sobrados), de sexo y de literatura. Hasta cayó algo de cine y de las ganas que tenía de ver una serie alemana que...
¿Tienes un pendrive?
Te grabaré la serie. ¿Cómo dices que se llama?
Babel Berlin O.S.T
¡Ah sí, he oído hablar de ella!
Se iba yendo el día.
Tengo que irme y no me apetece.
Seguimos unos minutos más.
Tengo que irme y no quiero.
Tampoco yo que te vayas, pero...
Volveré.
Que sea muy pronto.
Y como en cada despedida, surgieron los nombres de otros amigos y amigas y casi se hace más larga la despedida que la visita, si a lo que celebramos se le puede llamar visita, porque las visitas (muchas) surgen de algún tipo de inteés o deber y nuestros encuentros son de puro gozo y amistad.
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