La negrura

Como una tormenta que de pronto se precipitara sobre la tierra, así la negrura de los pensamientos se vuelca sobre el ánimo.
No hay conocimiento superior que consiga o logre eliminarlos. Se abren paso entre los más espléndidos rayos de sol atravesándolos sin pudor ni perdón,  inmisericordemente.
El bienestar huye despavorido sin causa ni razón. De nada sirve que pienses en cosas agradables o dulces, la negrura se extiende por doquier.
En un soliloquio de sordos vence el dolor. Porque duele sin poder evitarlo. Como todos los pecados mortales duelen.
Respétate, ámate, supérate.
¿Y cómo se hace?
Bien pensado, lo ignoro.
Te lo dije una y mil veces. Cada vez que asoma, irremisible.
¿Crees que es cíclico?
¡No! Es caótico, tan caótico como la misma naturaleza. Es caprichoso como un niño maleducado. Es veleta, picaflor. Es...No lo sé.  Es como ese libro insulso, pero que no dejas a pesar del nulo interés. Es más, te parece insoportable esto de las superwomans, y todo el desarrollo barato sin un ápice de atractivo literario o narrativo.
En fin. ¡Qué no está el hoy para bollos!
Pues no, no lo está. Si a eso le añades la indiferencia, la negligencia reinante y en general...
Sientes una losas obre el pecho.
Más que una losa. Un bloque de hormigón.
Recuerdo aquel cuento con el que nos asustaba tía Pepa. "Mariquilla ulla, ulla, que vengo por tus asauras.¡Ay, mamaita mía qué será?. ¡Calla pichona mía que ya se irá". Y en la oscuridad nocturna nos abrazábamos muertos de miedo y nos dormíamos.
Y mira por donde, que no daría yo hoy,  porque tía Pepa viniese y nos contase un cuento para poder abrazarse a alguien en éste páramo de besos y caricias.

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