Vagando

Entre el bosque de taburetes, entreveo una pierna muy bien torneada. La remata un tobillo y un pie en sandalias.
La pierna posada sobre la otra, se mueve cadenciosa, como si oyese música. Una música que sólo ella, la pierna oyese.
La observo. No cesa de balancearse. Da la sensación de que si se parara dejaría de tener la condición para la que fue creada: andar, bailar, saltar, propulsarse por tierra y agua.
No cambia la postura. Quizás, sin desearlo, haya perdido la conciencia de que son dos. Aunque su gemela esté reposada y quieta son dos. Y así las veo. Una en constante movimiento, la otra inmovil.
Otra vez la dualidad, la contradicción.
Abandono el bosque de taburetes aburrida y cansada de mirar la pierna que no cesa de moverse sin sentido alguno.
Me apetece oír música, sin imaginar que la pierna extraña la imagina.

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