Nunca escribí nada sobre suicidio de mi hermano
Se me atragantó la palabra por exceso
de lágrimas.
Mudez y sollozo en un matrimonio de siglos.
¿De siglos?
¡No.!
¡Miento!
No hay un siglo en una vida humana salvo rara vez.
Cada noche le miraba, le hablaba, le preguntaba.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi culpa.
Respondía mi propia voz.
Mi voz, pálida de duelo me acusaba.
No es a él a quién preguntaba.
Sí, lo entendiste.
Hoy ya pregunto,
pregunto
ya con sosiego y voz abierta.
No, ya no cada noche.
Pero tu voz, tu voz,
no calla.
No se puede olvidar lo que se desea.
No se puede olvidar lo que se desea.

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