Carta a una amiga

Querida amiga:
En el transcurso de los años de amistad, (perdona que mi concepción del tiempo no sepa decirte cuantos ya) he ido narrándote de viva voz pasado y presente. Presente del que tú formaste y formas parte en directo y en vivo. Sí, sí, en vivo. Como pertenece a una larga amistad. Si bien con mucha menos frecuenci
Hoy, que "hemos" cambiado nuestras formas de comunicación para un triste parecer, que es el mío.
Te remito esta carta por esta vía. Todos picamos y cedemos a la velocidad que imponen los tiempos a nuestro pesar. En ella nada nuevo hay bajo el sol, salvo mi vieja costumbre de hablarte, de decirte, de contarte cosas intranscendentes, como es el caso, por el sencillo placer de imaginarte a mi lado. Sabes bien que soy dada a los soliloquios. "Como Juan Palomo, me lo guiso y me lo como".
No recuperaré las largas horas de conversaciones, las largas despedidas en la penumbra de un coche, las largas excursiones con nuestra querídisima Alba. No.
Nietzsche decía - a groso modo - que recordar era vivir de nuevo lo vivido. Y en esas estoy. Como un recurso amable para no caer en la locura de la indiferencia que parece extenderse en la vida de los viejos. Sí, viejo: como la ropa, como los trastos, sí. Aunque la mente no lleve arrugas, ni le duela -at the moment- nada. Jajajaja. Estoy segura de que si estuvieras aquí me reprocharías el inglés de los montes que,, a fuer de repetirse por doquier acaba escapándosele a una.
Me dice la mente que recuerde los poemas leídos en cualquier lugar que hemos compartido y compartimos sin importar donde ni cuando. ¿ Y las risas, las risas.  Ay! Esas risas.
La semana pasada sin ir más lejos, pero, pero...
Dime (digo dando paso al ego), ¿ con quién te has reído tanto como conmigo, y sin ton ni son, ni motivo ni razón?  Por el mismo hecho de reír de cualquier menudencia. ¿ Los mocos de los Trolls, de la mirada de Zombie de aquél señor en... ? ¿De las almendras con tanto esmero cocidas con la cáscara dura de tu ex para hacer ajo blanco? ( A tí cómo te sale el ajo blanco, le pregunté, algo marrón, respondió? y salimos a la calle para partirnos de la risa para no herir sensibilidades. Jajajajajaja.
¿ De la visita de Eva y mía cuando tan malita estabas y llegamos disfrazadas con sendas mantillas y cantándote una saeta para menguar tu dolor?
Y tantos tantos momento más. También de lágrimas. No puede ser de otro modo si vivimos de veras.
¡Ay, querida, se me acaba el fuelle!
Confieso que por pereza. No quiero transformar esta carta ni en un folletín, ni en un folletón.
Echaba la vista atrás, te ví y me dije, revivámoslo. Revivámoslo.
Y punto perotas.
La última frase acuñada: no nos soportamos, pero nos superamos. Jajajajaja. Hay téstigo de ella.
¡Ah! del miedo a las curianas en otra ocasión.

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