Esas noches que

Algunas noches busco a mis muertos.
La razón erige un dedo acusador y me habla de lo que el corazón no quiere entender.
Ya sé, ya sé, le digo. ¿Algún inconveniente en encontrarlos felices y juntos, de imaginarlos así aunque sólo sea por amor? Tú tan rígida, tan exacta, qué sabrás de las debilidades humanas. Prefiero ignorarte en determinadas cosas.
Cosas, qué palabra tan conveniente y pertinente para cuando las palabras acertadas te dejan en la cuneta. Quería esgrimir razones para razonar con la razón. Jajajajajaja, menuda figura retórica daría la frasesita si la tal hubiera. Ojalá algún entendido lea esto y me diga si existe tal cosa. (Perifrasís: si existiese una figura retórica que calificara la frase). Redundante sí que lo es.
En fin, me temo haber vuelto con inusitada fortaleza al ensimismamiento que me caracterizaba en la niñez y juventud. (Va a ser verdad eso de que los viejos nos volvemos niños. Y yo pensando que había crecido...) Jajajajaja
Volviendo al comienzo: algunas noches busco a mis muertos. Entre los más cercanos, también  a algunos amigos que cogiendo el macuto se marcharon jóvenes, repletos de una vida que me gusta pensar se llevaron para disfrutarla a tope en otro lugar. A los mayores los rejuvenezco y les pongo preciosos remiendos. Los adorno de amor. Nunca falla. Los siento felices así.
Sí, algunas noches, cuando no puedo escribir recurro a ellos y a la felicidad en que los imagino.
Pata que imaginar que son polvo terrenal cuando da lo mismo pensar en polvo estelar. Allí agazapados entre las estrellas haciendo guiños de cómplices travesuras.


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