Querida Angela

Amiga Angela, reencontrada, otra vez más. Reconfortada con la larga conversación. Tan larga que hasta el teléfono dijo: ya no puedo más. Y nos dejó con la miel en los labios y un sabor a ganas de repetir.
Casi como en una letanía, pronunciamos palabras iguales, de iguales sentires, de frases iguales porque, nuestros pensamientos en sororidad formulan idénticos deseos.
Zigzag, derrota. Descubro un hablar de vieja loba de mar, para mi desconocido. Ella es así, marinera como buena malacitana morena y exquisitamente distinta, rompedora y nadadora impertinente de contracorrientes.
Y de nuevo la hermandad de los orígenes. Ya vino con ambas la rebeldía al mundo. En un sin remedio que nos deleita y nos confirma en nuestro ser más íntimo.
Querida amiga Angela, hasta una nueva despedida del aparato teléfonico.
Fue todo un placer.

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