Duermevela
Anoche, en plena noche, sin hora, sin bruma estival, paseaba mi pluma invisible por un papel invisible y volvían las palabras de mi madre que me decía, <cuando naciste te asiste a mi pierna y no te querías soltar>. Y siguió hablándome, contándome de mi fragilidad, de mi enfermizo cuerpo que de tan delgado no era posible cogerme en brazos si no era con un muletón. Y continuó contándome cómo mi abuelo me había salvado la vida con una tira de jamón hervido en vino ante la perspectiva de mi muerte y, yo, en un acto de arrogancia en mi duermevela me decía, Whitman, W. -Walt Whitman escribió su vida en un poema. Recuerdo que era sencillo y a la par grande, grande, grande. y como cuando no sabes si estás despierto o dormido, aquella pluma invisible se deslizaba por aquel papel invisible contando, escribiendo mi vida, tan llena de altibajos, de dolor y risa. No como la de WW. no, como la de cualquier hijo de vecino, sin grandezas ni sobresalientes, pero vívida en cada detalle que recuerdo, porque los viejos sabemos recordar hasta los números de teléfonos de amigos y parientes, cercanos y lejanos en la geografía amplia que es el mundo y la mente. Y vi mis vestidos, aquellas preciosidades que mamá elegía con gusto exquisito, y oí las risas de los menos sutiles, y reviví las burlas de los zafios, porque la fragilidad nunca se vendió como plato fuerte de la humanidad. y así continué cual si estuviera ante las puertas del más allá que dicen que repasas cuando vas a morirte, pero que yo me sentía rediviva y sin miedo alguno porque escribir me era grato, muy grato y tan fácil cuando estás en duermevela y escribes con la imaginación aunque lo que escribas sea tan real como tu vida misma.
Gracias Sr. Whitman.
Gracias Sr. Whitman.
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