¿Quién dice que el amor a uno mismo nos hará libres?
A mi me libera mi propia animadversión.
Será que nunca llegué a amarme lo suficiente.
Al ser "cristiano" de mi infancia, le gusta la mortificación.
Y ahí, en las heridas de antaño,  goza de libertad.
Todo antes que me hagan nuevas heridas otros.
Y no bastan los cantos, ni el esplendor del sol,
ni el verdor de los bosques y, ni del amor
porque no está.
Es sólo un disfraz, un momento fugaz en el recuerdo,
una fantamagoría.

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