Un viaje
Desde entonces, hasta en esta tierra andaluza, ya llovió, pero se ha abalanzado sobre mi y lo he cogido por los cuernos.
Voy a ver como lo toreo.
Voy a ver como lo toreo.
Le pregunté si quería acompañarme a un pueblito cercano. Me interesaba un pisito por aquél entorno, y dijo que sí.
Llegamos, compré el periódico y mientras desayunábamos iba leyendo.
¿Almorzamos en Almuñecar?, me preguntó.
¡Por qué no!
Cenamos en Murcia.
Al día siguiente, hubimos de comprar unos zapatos. Se le habían roto. De paso un vestido para mi. La faldita y la camiseta del día anterior estaban hechas unos zorros.
Así lo hicimos en Valencia.
Cuando llegamos a Madrid, cosas de la vida, nos dimos de bruces con una prima suya en Atocha. Y es que en Atocha hay mucha gente. De Málaga- Andalucía también.
Allí pernoctamos dos noches.
Me vine totalmente preñada de la belleza de Toledo.
El Caballo Rojo en Córdoba nos agasajó de maravilla.
En Moriles, nos pusimos contentos, muy contentos.
En Jerez vimos beber Fino a los ratoncillos alegres de allí.
Y en el Puerto las gambas nos salían por la ojeras, que diga por las orejas.
(Anécdota).
La Mancha la cruzamos con una botella de vino y un buen trozo de queso con el último centavo.
Llegamos al primer pueblo ya en Andalucia justo a las dos menos un minuto al primer banco que encontramos. De ahí que la búsqueda de mi primer piso en esta tierra pudiese continuar con tranquilidad.
Llegamos, compré el periódico y mientras desayunábamos iba leyendo.
¿Almorzamos en Almuñecar?, me preguntó.
¡Por qué no!
Cenamos en Murcia.
Al día siguiente, hubimos de comprar unos zapatos. Se le habían roto. De paso un vestido para mi. La faldita y la camiseta del día anterior estaban hechas unos zorros.
Así lo hicimos en Valencia.
Cuando llegamos a Madrid, cosas de la vida, nos dimos de bruces con una prima suya en Atocha. Y es que en Atocha hay mucha gente. De Málaga- Andalucía también.
Allí pernoctamos dos noches.
Me vine totalmente preñada de la belleza de Toledo.
El Caballo Rojo en Córdoba nos agasajó de maravilla.
En Moriles, nos pusimos contentos, muy contentos.
En Jerez vimos beber Fino a los ratoncillos alegres de allí.
Y en el Puerto las gambas nos salían por la ojeras, que diga por las orejas.
(Anécdota).
La Mancha la cruzamos con una botella de vino y un buen trozo de queso con el último centavo.
Llegamos al primer pueblo ya en Andalucia justo a las dos menos un minuto al primer banco que encontramos. De ahí que la búsqueda de mi primer piso en esta tierra pudiese continuar con tranquilidad.
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