Anotaciones en facebook
No. No basta un pequeño espacio para contar sobre unas horas tan llenas de comprensión, de acercamiento, de amor, como sólo en una amistad duradera se presta.
Y para dejar impresa y bien impresa la huella de la amiga, de su respuesta a mi llamada llena de soledad y tristeza.
¿Quién responde ante semejante paisaje de angustia?
Sólo la amiga, el amigo. Más cercano que cualquier familiar, pariente o como se les quiera llamar.
Sin ligamentos de sangre ni otras pamplinas que las americanadas tan en boga y tan en los medios de comunicación omnipresentes quieren hacernos creer a fuerza de repetirlos en letanías interminables. Como un gobierno que se lo cree él mismo y por el mismo motivo, por idéntica reiteración tan vacía de contenido real como es "La Familia". (Y claro, no toda familia, que, haberlas haylas).
El caso es que con ella trajo vino para alegrar el alma, queso salmantino y huevos de corral, junto un un abrazo que no tenía intención de acabar, cosa que, va más allá, mucho más allá del vino, del queso, de lo huevos y de cualquier regalo material, siendo tan de agradecer ambos.
La charla, el diálogo sobre sexo, literatura, sobre nuestras propias experiencias vividas y silenciadas por una educación y una sociedad tan lejos de nosotras y nuestros pensamientos. De nuestros descubrimientos que fueron los pilares de nuestros futuros desnudos integrales para con nosotras mismas, dejando de lado tabúes y pensares ajenos por muy amados que fueran los que de modo distinto pensaran.
Ese "examen" de conciencia íntimo que nos libera de todo pecado, de toda nueva intención de pecar, ésta vez sí, a gritos y con inusitado y siempre renovado placer. Sin limitaciones, ni muros.
Un encuentro tan necesitado como necesario para esa soledad que se convirtió, gracias a su venida, en un caleidoscopio de sentires agradables, de agradecimiento sincero.
Pasaron las horas, volvió a renacer la alegría de sentirse amada y comprendida. Llegó al fin con Ella, la vida renovada de esperanza.
Y para dejar impresa y bien impresa la huella de la amiga, de su respuesta a mi llamada llena de soledad y tristeza.
¿Quién responde ante semejante paisaje de angustia?
Sólo la amiga, el amigo. Más cercano que cualquier familiar, pariente o como se les quiera llamar.
Sin ligamentos de sangre ni otras pamplinas que las americanadas tan en boga y tan en los medios de comunicación omnipresentes quieren hacernos creer a fuerza de repetirlos en letanías interminables. Como un gobierno que se lo cree él mismo y por el mismo motivo, por idéntica reiteración tan vacía de contenido real como es "La Familia". (Y claro, no toda familia, que, haberlas haylas).
El caso es que con ella trajo vino para alegrar el alma, queso salmantino y huevos de corral, junto un un abrazo que no tenía intención de acabar, cosa que, va más allá, mucho más allá del vino, del queso, de lo huevos y de cualquier regalo material, siendo tan de agradecer ambos.
La charla, el diálogo sobre sexo, literatura, sobre nuestras propias experiencias vividas y silenciadas por una educación y una sociedad tan lejos de nosotras y nuestros pensamientos. De nuestros descubrimientos que fueron los pilares de nuestros futuros desnudos integrales para con nosotras mismas, dejando de lado tabúes y pensares ajenos por muy amados que fueran los que de modo distinto pensaran.
Ese "examen" de conciencia íntimo que nos libera de todo pecado, de toda nueva intención de pecar, ésta vez sí, a gritos y con inusitado y siempre renovado placer. Sin limitaciones, ni muros.
Un encuentro tan necesitado como necesario para esa soledad que se convirtió, gracias a su venida, en un caleidoscopio de sentires agradables, de agradecimiento sincero.
Pasaron las horas, volvió a renacer la alegría de sentirse amada y comprendida. Llegó al fin con Ella, la vida renovada de esperanza.
Comentarios
Publicar un comentario