El día

No.
Es todo lo que recuerdo, cuando al abrir los ojos pensé esta temprana mañana.
No. Una palabra más. Y no. Eso es todo lo que ha quedado de una larga frase, que asomó a mi mente aún envuelta en la neblina del sueño. y, que por más esfuerzos que hago no consigo recordar. Ni siquiera el contexto. ¿Qué originaría ese no que, tan rotundo aparece ahora, cuando no puedo recordar que  fuera así cuando lo pensé?
Corramos un tupido velo.
Me levanto, ahora, me acerco a la ventana. El mar gris, parece congelado. Inmóvil, quieto, como paralizado en un vano intento por caminar. No está como en calma chicha, no. Parece haber sido sorprendido por algún extraño maleficio en su suave ondear.
Nunca lo he visto así. ¿Qué ha producido este increíble efecto?
No puedo apartar los ojos de él.
Lo escrudiño a ver si consigo ver algún movimiento. Nada. No se mueve nada. Pero amplío la mirada y tampoco hay la más leve brisa. Las palmeras cercanas, la que roza mi ventana, nada. No se mece, ni se balance, ni tiene intención de hacerlo.
Como cuando un Tsunami acecha la costa, retirando la ola, para engrosada hasta un máximo insólito, lanzarla contra la arena con fuerza arrasadora.
Un silencio sordo se ha adueñado de la mañana.
¡Ah, por fin! Un pájaro deja brotar su canto. Le siguen otros. Pero no es la algarabía acostumbrada.
Mientras escribo, la mar continua impertérrita. El aire también. 
Inquietante.

Comentarios

Entradas populares