China
Al entrar preguntó si tenían tal cosa. Le señalaron donde estaba y allí se dirigió. Lo encontró y fue a pagar cuando recordó que sería bueno tener unas lucecitas para el árbol de navidad. Un chico-supuso que de origen chino en una tienda de chinos... le atendió, y así como si fuese lo más natural del mundo, comenzaron a charlar como si de dos viejos amigos se tratara.. Al rato se preguntaron los nombres. Él chico se llamaba Ron.
Como el traguito de ron.
Barceló-añadió el chaval.
Pero no es apellido. Pronto aprendiste. Y se rieron al unísono.
Hablaron de los abuelos y hasta de una bisabuela que ella había conocido.
Yo a la mía no, dijo él, pero quería mucho a mi yayo. Ya no está conmigo.
Ella sorprendida le habló de un documental que había visto de la tierra de él y le preguntó si era cierto. Incluso hablaron, eso sí, muy de paso sobre el comunismo de China.
Hablaron del ayer y del hoy.
Ron, era guapo y muy joven, ella ya no cumpliría los setenta, pero así como el saber no ocupa lugar, la edad no interrumpe una hermosa conversación.
Al salir se despidieron entre risas.
No compró las luces. Ron le había dicho que tendría suerte si llegaban al año siguiente. A lo que ella le dijo, entonces no me las quedo. Hay gente que daría que sé yo por ese dinero. No es mucho dijo Ron. Para tirarlo sí. Además los abetos no tienen luces, dijo ella señalándose la cabeza con un dedo.
Más sonrisas. Y bla,bla,bla. Otra vez reanudaron su charla hasta que a ella comenzaron a dolerle los pies.
Si vengo otra vez, preguntaré por Ron. Pensó. Y definitivamente abandonó el lugar.
Dicen que las despedidas suelen ser más largas que las visitas. Pero fue un delicioso placer ese largo largo" hasta otra vez".
Como el traguito de ron.
Barceló-añadió el chaval.
Pero no es apellido. Pronto aprendiste. Y se rieron al unísono.
Hablaron de los abuelos y hasta de una bisabuela que ella había conocido.
Yo a la mía no, dijo él, pero quería mucho a mi yayo. Ya no está conmigo.
Ella sorprendida le habló de un documental que había visto de la tierra de él y le preguntó si era cierto. Incluso hablaron, eso sí, muy de paso sobre el comunismo de China.
Hablaron del ayer y del hoy.
Ron, era guapo y muy joven, ella ya no cumpliría los setenta, pero así como el saber no ocupa lugar, la edad no interrumpe una hermosa conversación.
Al salir se despidieron entre risas.
No compró las luces. Ron le había dicho que tendría suerte si llegaban al año siguiente. A lo que ella le dijo, entonces no me las quedo. Hay gente que daría que sé yo por ese dinero. No es mucho dijo Ron. Para tirarlo sí. Además los abetos no tienen luces, dijo ella señalándose la cabeza con un dedo.
Más sonrisas. Y bla,bla,bla. Otra vez reanudaron su charla hasta que a ella comenzaron a dolerle los pies.
Si vengo otra vez, preguntaré por Ron. Pensó. Y definitivamente abandonó el lugar.
Dicen que las despedidas suelen ser más largas que las visitas. Pero fue un delicioso placer ese largo largo" hasta otra vez".
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