El esfuerzo de vivir.
Ya al nacer parecía no desear adaptarse a la vida. De modo que se declaró en huelga de vivir como sólo los recién nacidos saben hacerlo.. Lloraba con insistencia, se negaba a comer y se quejaba ininterrumpidamente, haciendo trizas el corazón de los padres y demás familiares y adultos en general que se acercaban a su cuna. Pero una voluntad más fuerte que la suya se empecinó en recobrarle para la vida. Entonces cedió; aunque su resistencia a adaptarse le llevó hasta la adolesccncia y, bien mirado, se podría decir que le acompañó hasta bien entrada la madurez.
Quería adaptarse a la vida, pero no le salía demasiado bien. Incluso en un momento dado atentó contra esa vida incómoda y desagradable en la que el asidero, a ella, no acababa de rezarcirle para aceptarla como algo bello y deseable. Intentó pues escapar. No alcanzó su objetivo.
¿Qué recóndita e inconsciente objeción le hacía fracasar?. Sabía, y muy bien, que otros lo lograban.
Lo había experimentado en carne propia. Un ser muy allegado culminó su objetivo con algo más que doloroso pesar. Y sin embargo...
Tal vez, la madre Naturaleza, indiferente a la veleidad humana se negaba a obedecerle.
Hubo de afrontar ingratas decisiones. Dolores físicos y mentales hincaron sus dientes en su piel. Pero se impuso la vida misma. Quizá desconocía, que deseaba vivir por encima de todo en su subconsciente.
Así pues, la vida se impuso, repito, como la vida misma suele hacer; obviando toda circunstancia, lugar y deseo personales.
"Y tú te contradices, escriba, sólo el querer del hombre es verdadero querer," pero carece de importancia ante la decisión del azar.
Se inclinó pues a la voluntad y o a la redundancia de aquella frase que recordaba haber leído alguna vez.
De haber creído en Dios, tal vez hubiese dicho aquello de, "hágase Tu voluntad".
Quería adaptarse a la vida, pero no le salía demasiado bien. Incluso en un momento dado atentó contra esa vida incómoda y desagradable en la que el asidero, a ella, no acababa de rezarcirle para aceptarla como algo bello y deseable. Intentó pues escapar. No alcanzó su objetivo.
¿Qué recóndita e inconsciente objeción le hacía fracasar?. Sabía, y muy bien, que otros lo lograban.
Lo había experimentado en carne propia. Un ser muy allegado culminó su objetivo con algo más que doloroso pesar. Y sin embargo...
Tal vez, la madre Naturaleza, indiferente a la veleidad humana se negaba a obedecerle.
Hubo de afrontar ingratas decisiones. Dolores físicos y mentales hincaron sus dientes en su piel. Pero se impuso la vida misma. Quizá desconocía, que deseaba vivir por encima de todo en su subconsciente.
Así pues, la vida se impuso, repito, como la vida misma suele hacer; obviando toda circunstancia, lugar y deseo personales.
"Y tú te contradices, escriba, sólo el querer del hombre es verdadero querer," pero carece de importancia ante la decisión del azar.
Se inclinó pues a la voluntad y o a la redundancia de aquella frase que recordaba haber leído alguna vez.
De haber creído en Dios, tal vez hubiese dicho aquello de, "hágase Tu voluntad".
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