Manuel, o la fuerza del amor platónico V
Hola, Manuel:
De mi, opino-quién mejor que yo que, vivo viviendo conmigo la friolera de setenta y cinco otoños, que soy tan veleta como fiel. ¿Te lo imaginas? Seguro que no. Y aunque generalizar está muy feo, según mi experiencia, vosotros, el género masculino, la imaginación os sirve para muchas cosas pero para las relaciones íntimas uhm... no gastáis mucha. Tú me lo demostraste no más al segundo día de verte. Y es que os puede (siempre generalizando) eso que vosotros llamáis "la hombría". Algo tan difícil de comprender para nosotras. Y aunque quise dejarte inmaculado, no lo consigo del todo.
No sé. Se me han quitado las ganas de pronto de imaginarte. De ahí lo de veleta. Sin embargo como amistad, me sigues dando que pensarte.
Justamente ayer, hablábamos, una amiga y yo de la dualidad. Shakespeare (abreviando Chexpir pá los amigos) lo dijo muy bien "esa es la cuestión". El resto todo el mundo lo sabe de memoria. Así pues que no soy de más carnes, lo dejo ahí. Fiel per natura y veleta por lo que vos queráis, imitando el idioma del famoso inglés y una de sus obras. En fin, que mucho ruido y pocas nueces. O como diría nuestro más grande: son gigantes confundiéndolos con molinos de viento. Eso es imaginación masculina y no más culona como solemos ser las féminas. En mi persona veo gigantesca la carencia de tu imaginación. Pero que se puede esperar de alguien tan matemático y razonador como tú. Ser que viajas por Europa en busca de una partida de ajedrez.
Lo que no es explicable si no fuese porque la imaginación, es lo más incompresible que poseen las personas, no sería de entender que me pusiera a plantarte en un pueblito de la costa malacitana.
¡Ay, de mi ego!
Comentarios
Publicar un comentario