Manuel, o la fuerza del amor platónico VI
Hola, Manuel:
Hoy no va la cosa de ti. Ni de mi. Va de un libro que he vuelto a leer. Se titula Nieve. Es el primer libro de un tal Maxence Fermine. Otro Maxence como aquél que tanto me hizo estremecer. Maxence van der Meersch y su obra Cuando enmudecen las sirenas.
Éste nuevo Maxence, es mucho más romántico, dulce y sutil. En su obra, claro. Vaya usted a saber cómo es él en la realidad. Aunque dicen, dicen que los autores literarios se reflejan en sus obras. No soy escritora, por tanto no aseguro nada.
Aseguro, eso sí, que lo que leo es de una sutilidad literaria que enamora. Estás leyendo y sonriendo a la par. Sutilezas niponas. Ya sabes.
Una de las reseñas dice que va tras la huella de Seda, de A. Baricco. Y no puede ser más cierto. Parece que leyera un poco de ambos. Si bien Seda contiene un misterio que...no sé; que éste no tiene si bien la historia en sí es de algún modo misteriosa también.
Bueno, amigo, ya te dejo, sin saber si volveré a inventarte de nuevo. Seguro que algo, un día cualquiera, podría, solo podría emerger.
Hasta siempre.
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