Nunca nunca.
Lo que nunca conseguí de un amante.
Amarnos hasta perder el sentido con el Bolero de Ravel.
Bailar una pieza que me gustase con el sentir desbordándose, desbordándonos.
Que me pusiera una venda en los ojos mientras copulábamos.
Que danzara hasta perder la noción del espacio y del tiempo. O lo que es lo mismo: que entrara en trance
conmigo bailando.
En fin, es difícil ser amada como una lo desea.
Claro que cuando surgieron las discotecas, entré en trance yo solita. Y con qué éxito cuando volvía en mi. Me habían dejado sola en la pista. Cuando despertaba era grato y un tanto extraño.
Y otras cosillas que no voy a desvelar.
Debí tener algún amante menos civilizado.
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