Manuel, o la fuerza del amor platónico III
¡Ay, Manuel! qué de prisa corre el tiempo.
Una sutil sensación de culpa se escapa de entre la tela de araña de ésta química ininteligible que es mi mente. ¿Quién ganará? ¿Sabes? me estoy llenando de ti.
Pienso constantemente en ti, te voy creando y a la par deseo verte, sentirte.
Casi percibo la suavidad de tus manos que me hace estremecer de deseo. Se esponja mi alma de dicha cuando evoco tu ser.
¡Qué lejos está aún mañana!
¡No quiero pensar en que un día habrás de marcharte!. Si te pierdo...¡Ay! se me afloja el ánima.
Nada puedo hacer. El destino, mi destino elige siempre a aquellos que más o menos tarde he de perder. Contigo va a desbordar el vaso. Lo presiento.
No quiero llorar, he de poner la mente en blanco para no sufrir: al menos en este momento.
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