Con esto de la globalización, a mi, me dá por echar cosas de 
menos. Colores, tejidos, sabores... Y se me cruzan los cables
cuando la moda dice y determina qué ponerte, qué color has
de llevar. Y hasta la forma de tu cuerpo.
Ni tu figura, ni tu persona le interesa a ese complejo de modernidad establecido.
¿Quer harían algunos si les dijeran que no deben admirar a Miguel Angel, que deben despreciar a Dali, meter en un cubo de basura las obras de Klimt, odiar a Lorca (si bien algunos quedan que lo hacen), que no se debe oír a Bach...?
Así me siento yo, cuando me dicen que el pollo ha de crecer enjaulado oyendo música día y noche y comiendo constatemente, para que sea del agrado de la globalidad. Pobre bicho. Ya no se le mata ni para para que le sirva al paladar o a la natural necesidad de comer. ¡Oh no! Se le alimenta así
para que sea más barato comérselo y haya más cantidad.
Cuanto más trogloditas nos hace ser la globalización?. ¿Qué precio pagan hasta los bichos? Con todo el amor que se despliega por su supervivencia ante la extinción de algunos mientras otros...
¡Cuánta mierda nos venden. Y no para el teatro. Aunque el teatro sea la vida misma respondiendo de lo que somos.
Ese teatro se necesitaría para enviar a donde pertenece esa maldita globalización. una globalización inventada por unos pocos de "estupendos poderosos" que ningunean a cada uno de nosotros y nos meten en jaulas, y nos mantienen despiertos y entretenidos con una que otra estupidez siempre que no se la de pensar y manifestr lo que piensas con total impunidad.
¡Me he quedado nueva!.
Béndita sea la libertad de pensamiento y su consecuencia de expresarlo libremente.
Hoy soy libre y me siento libre. Manifestar que siempre lo soy, sería una falsedad.
Si bien, casi nunca negué qué soy sin clarividencia alguna. Soy generalmente un bicho perdido. Pero bicho al fin y al cabo....

cabo....

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