Ser o no Ser

Con el pico abierto, observaba atentamente.
¡Qué majestuosidad! ¡Qué elegancia!
Tras muchos días de mirar y mirar se dijo: yo también puedo, y sin más aleteó un poco y, extendió las alas. Tuvo que aletear y aletear una y otra vez. A veces conseguía mantener las alas extendidas, pero se cansaba pronto. Además, hacer círculos le salía fatal.
Su voluntad era indomable, pero tuvo que rendirse y conformarse. Ella, la paloma, no podría volar, ni ser nunca como la primilla.

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