Cub y Cer -Yin y yan.
El encabezamiento parece sacado de un cuento chino.
Llevo esperanza y vuelvo totalmente vacía.
Las manos traen arañazos, el corazón desilusión. En los ojos el recuerdo de ninguna mirada decidora.
Bla, bla, bla...
¿Ah sí? No lo sabía.
Nunca sé nada. Voy y vuelvo. Entre tantas ausencias, largas ausencias. Precisamente nada de aquello que con la amiga y la otra amiga. Con el amigo, con el otro amigo acontece en los encuentros.
No elegimos, somos elegidos.
No amamos, nos elige el amor.
¡¡¡Falacias!!!
Vagueritis, desinterés, mucho Cohello y mucho Ducaty o como se llamen.
Siempre el Cub y el Cer. Desde la cuna. Y viceversa.
Sólo cuando soy devuelta, parece que va a nacer algo que muere en el trayecto. Será la intimidad del espacio pequeño del habitáculo de cuatro ruedas. Es un trayecto de apenas unos minutos.¿ Adiós!
Tienen mucho que divertirse por la noche con sus amigos. El devolverme es un trámite del que responde quién invitó. A veces no se decide nadie.
Paralelismos. Cuando nos atañen, no deseamos verlos. Queremos vivir todos los momentos, los de ellas en este caso, buenos y malos. Ellas tal vez piensen lo mismo cuando se quedan a solas.
Ellos, me temo que pierden poco el tiempo pensando en cosas tan ordinarias, tan del día a día.
¿Cómo estará? ¡En verdad que hace muchísimo que no sé de ella, de él, de aquél del otro!
Vivimos en el mejor de los tiempos de las comunicaciones. Todo está al alcance de un botón. Apretarlo o no es otra cuestión.
El angelito blanco a la derecha. El angelito rojo a la izquierda. ( Él rojo siempre más apasionante, más travieso, menos recto- que no correcto- más libre).Te pone más díficil la elección. ¡Ofrece mucha variedad! Tanta como modos de comunicación.
Ay, la veleidad, siempre tan atractiva.
Yoygo. Teoygo.
Aún no chocheo del todo, pero lo parece. Por eso me viene a la mente esa canción de: Me gustas tú. ¿Qué horas son, mi corazón?
Hora de volver a casa por imposición de los amadísimos y jovencisimos familiares (mayores incluidos) y con algo de cansancio a decir verdad. Del de por dentro. El cuerpo aún resistiría unos cuantos tragos, una buena y amable conversación.
¡Ay, qué pobres los encuentros familiares! Y eso que son escasos.
Ni mesa redonda, ni cuadrada.
Comida de llamada rápida.
Al final, me quedo con la Sole. Ella solica, me da mucha más vidilla.
¿Sí, yin?
¿Sí, yan?
¿Sí, mamá?
¿Sí, papá?
Llevo esperanza y vuelvo totalmente vacía.
Las manos traen arañazos, el corazón desilusión. En los ojos el recuerdo de ninguna mirada decidora.
Bla, bla, bla...
¿Ah sí? No lo sabía.
Nunca sé nada. Voy y vuelvo. Entre tantas ausencias, largas ausencias. Precisamente nada de aquello que con la amiga y la otra amiga. Con el amigo, con el otro amigo acontece en los encuentros.
No elegimos, somos elegidos.
No amamos, nos elige el amor.
¡¡¡Falacias!!!
Vagueritis, desinterés, mucho Cohello y mucho Ducaty o como se llamen.
Siempre el Cub y el Cer. Desde la cuna. Y viceversa.
Sólo cuando soy devuelta, parece que va a nacer algo que muere en el trayecto. Será la intimidad del espacio pequeño del habitáculo de cuatro ruedas. Es un trayecto de apenas unos minutos.¿ Adiós!
Tienen mucho que divertirse por la noche con sus amigos. El devolverme es un trámite del que responde quién invitó. A veces no se decide nadie.
Paralelismos. Cuando nos atañen, no deseamos verlos. Queremos vivir todos los momentos, los de ellas en este caso, buenos y malos. Ellas tal vez piensen lo mismo cuando se quedan a solas.
Ellos, me temo que pierden poco el tiempo pensando en cosas tan ordinarias, tan del día a día.
¿Cómo estará? ¡En verdad que hace muchísimo que no sé de ella, de él, de aquél del otro!
Vivimos en el mejor de los tiempos de las comunicaciones. Todo está al alcance de un botón. Apretarlo o no es otra cuestión.
El angelito blanco a la derecha. El angelito rojo a la izquierda. ( Él rojo siempre más apasionante, más travieso, menos recto- que no correcto- más libre).Te pone más díficil la elección. ¡Ofrece mucha variedad! Tanta como modos de comunicación.
Ay, la veleidad, siempre tan atractiva.
Yoygo. Teoygo.
Aún no chocheo del todo, pero lo parece. Por eso me viene a la mente esa canción de: Me gustas tú. ¿Qué horas son, mi corazón?
Hora de volver a casa por imposición de los amadísimos y jovencisimos familiares (mayores incluidos) y con algo de cansancio a decir verdad. Del de por dentro. El cuerpo aún resistiría unos cuantos tragos, una buena y amable conversación.
¡Ay, qué pobres los encuentros familiares! Y eso que son escasos.
Ni mesa redonda, ni cuadrada.
Comida de llamada rápida.
Al final, me quedo con la Sole. Ella solica, me da mucha más vidilla.
¿Sí, yin?
¿Sí, yan?
¿Sí, mamá?
¿Sí, papá?
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