Una noche
Ha sido una noche más. Una noche de vigilia. Estaba feliz. Feliz porque, tras noches de insomnio, sin más pensamiento que el tormento de la fiebre y el dolor, esta pasada noche de vigilia, pensaba, podía pensar, leer, hacer apuntes sobre lo que leía, frases propias que me inspiraba las frases de él, del único M.B. ya en la recta final de su crepúsculo (moriría dos años después de la edición del libro Vivir adrede). Hablo de Mario Benedetti.
Es uno de esos libros escritos con una aparente sencillez sobre la vida y la muerte. Esa fiel compañera que, sin que queramos verla, e incluso la neguemos, nos acompaña a todos los seres vivos desde el mismísimo momento de nuestra concepción.
No he dormido, no, pero casi ha sido un regalo. Confirma la mejoría, el regreso de mi ego, que no de mi álter ego, que no es alt: del tedesco viejo sino eternamente joven y activo.
Si se me permite la ironía.
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