Historias de parejas.
Él se encontraba en el baño aseándose. Como era sábado y no tenían que ir al trabajo, era ya casi mediodía.
Ella tocó con los nudillos, y el le dijo: adelante.
Con zapatos de salón negros, bien altos, una combinación de medio cuerpo subida hasta un poco más arriba de los senos - como un mini vestido de escote palabra de honor- y una navaja de afeitar en ristre le ofreció ¿Te afeito?
Qué escondes ahí- preguntó él.
¡Ah, te refieres a esto?
En la otra mano sostenía una copa con martini blanco con unos granos de granada.
Es para que te relajes, comentó ella.
Gracias, pero me relajaré si sueltas la navaja.
¿No te fías de mi?, dijo ella desilusionada.
Claro que me fío de ti. De lo que no me fio es de la navaja de afeitar.
-Bueno,¡ entonces me dejas que te corte el pelo?¡ no sería la primera vez! añadió.
No tampoco quiero que me cortes el pelo.
Gracias por el martini, ¿que tiene?
La gracia que a ti te falta amor mío. Y eso que viene de la tierra de la malafollá. Ya sabes, de mi tierra.
Ella tocó con los nudillos, y el le dijo: adelante.
Con zapatos de salón negros, bien altos, una combinación de medio cuerpo subida hasta un poco más arriba de los senos - como un mini vestido de escote palabra de honor- y una navaja de afeitar en ristre le ofreció ¿Te afeito?
Qué escondes ahí- preguntó él.
¡Ah, te refieres a esto?
En la otra mano sostenía una copa con martini blanco con unos granos de granada.
Es para que te relajes, comentó ella.
Gracias, pero me relajaré si sueltas la navaja.
¿No te fías de mi?, dijo ella desilusionada.
Claro que me fío de ti. De lo que no me fio es de la navaja de afeitar.
-Bueno,¡ entonces me dejas que te corte el pelo?¡ no sería la primera vez! añadió.
No tampoco quiero que me cortes el pelo.
Gracias por el martini, ¿que tiene?
La gracia que a ti te falta amor mío. Y eso que viene de la tierra de la malafollá. Ya sabes, de mi tierra.
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