De las heridas

Es inevitable que, a la edad de setenta y pico abriles, no se haya recibido herida alguna. Y he recordado la de una persona que fue bien cercana. Más adelante diré el porqué escribo que fue.
Quiero aclarar antes de continuar, que cuando digo amiga o amigo, es porque lo es dentro de mi. No importa si hace mucho tiempo o poco que nos conozcamos, si bien casi siempre, es de largo tiempo ha.
Y aclarado esto. Pues continuo con mi pensar en lo que comencé, un par de segundos hace.
Podría ponerlo en cristiano como se dice popularmente, pero paso.
Decía que es inevitable...
La persona en cuestión fue integrada en el círculo, que componíamos entonces, por la que suscribe. Andaba un tanto perdida.  Ella. Pero también me dió a conocer a Anaís Nin. ¡Qué gran descubrimiento para mi!
La herida se hizo algunos meses después, cuando acercándome al grupo un día cualquiera, y tras un breve saludo se levantaron de la mesa en la que se hallaban sentados y tras un parco adiós se fueron así. Sin más. Ella entre ellos todos. Ellos subyugados por su sabiduría. Estudiaba psicología.
Mi ego herido. Más que herido dolido de ignorancia. ¿ Por qué? ¿Será la suceptibilidad?
Era hermosa, casi transparente en su delgadez, y hablaba con extrema delicadeza. ¿Cómo un ser celestial podía ningunearme sin motivo ni razón?
La herida se cerró, hoy es mera anécdota. De hecho, un día cualquiera tras varias cartas que le envié, regresó.
En una de las charlas y tras una comida,  y ofrecerle donde quedarse, me explicaba, "porque ¿sabes? cuando bailo elevo los brazos mucho y"...
Yo me decía : sé cómo los mueves, hemos bailado algunas veces, pero también me preguntaba ¿por qué tanto olvido?
Seguimos en contacto, me invitó a su casa allá por Cadíz.
 Luego un día cualquiera se hizo el silencio.
Esta vez no escribí ninguna carta. Tampoco brotó herida alguna.
Hay personas de flaca memoria. Quizás ahí resida la respuesta al obviarme aquella vez y  de su largo silencio hasta hoy.

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