Recuperación

Es inevitable sentirse pequeña, y vulnerable cuando la naturaleza juega contigo. Y juega en serio. A un juego tenebroso, peligroso para el organismo. Y encaja perfectamente con la naturaleza misma. ¡Paradojas!
También es inevitable sentirse víctima, a pesar de pelear contra ello, o de intentarlo; porque las fuerzas corporales flaquean y mucho, por lo que, el ánimo también se entretiene con la vagueritis
y con el dejarse ir.
No me es posible decir esa frase tan oída cómo la de "qué sufridas somos las madres, porque no soy madre. Pero sufrida, he sido un rato.
Debe ser por otra cuestión y no precisamente por esa de la maternidad. También me he sentido muy sola. Y es que cuando se enferma, aún siendo por nada grave, hay algo peor que la propia enfermedad: la pérdida de energía vital. (Es más de lo mismo, lo sé, pero me sale la vena germana y ellos, los germanos, suelen decir: apretar dos veces es dejarlo mejor apretado, o algo así. Traducción muy libre).
Sea como fuera, he superado la parte más enojosa, ahora queda la recuperación definitiva. De hecho el ánimo ya se atreve a escribir sobre ello y sobre todo, a pensar en algo con determinación aunque lloviendo sobre mojado. Y algo muy importante: a ser capaz de leer aunque sea de a poquito a poco.
Que el cuerpo se apodere totalmente del ánimo es cosa desagradable,  por muy natural que sea, y es preferible que, hasta la poca cabeza que se tenga, permanezca agitándose  en el cuerpo. 
Es en estas ocasiones, cuando se ve con claridad, el perfecto equilibrio que se nos da, por esa misma naturaleza que nos crea y nos destruye a su antojo.
Sí, supongo que los positivistas se echarán las manos a la cabeza. Es el tiempo de tenerlo todo, saberlo todo y poderlo todo si se le pone empeño. De modo que se enferma porque uno quiere, y se sana porque a uno mismo le da la gana.
Oh, noto mi mejoría indefectiblemente. 
He comenzado a revolucionarme.
¡¡¡Viva la revolución!!!!
Perdóneme Doña María, la revelación no me llegó aún.

Comentarios

Entradas populares